As dúas en punto

Acerca de


"As dúas en punto" somos Vanesa Abelairas y Aymará Ghiglione.

"As dúas en punto" es una colección de muñecas hechas a mano inspiradas en mujeres cuya vida o cuya obra como artistas nos resulta fascinante. ¿Por qué nos resultan fascinantes? Muy sencillo: han encontrado el hueco por el que entrar en la historia, han transitado un camino de resistencia, han demostrado que los estereotipos están hechos para derribarlos, han dejado una marca indeleble en las generaciones siguientes, como la nuestra, que aún debemos aprender a sonsacarle al destino nuestra ración de felicidad necesaria. Por eso nos fascinan y porque cada puntada que empleamos en conseguir hacerlas cuenta como una mochila de experiencia y aprendizaje con la que apuntalar la próxima. Por eso nuestro trabajo sobre ellas es exhaustivo y amoroso, forman parte de un tejido que nos une como mujeres y nos impulsa a convertir el futuro en un sitio más amable. Nacimos con Maruxa y Coralia, heroínas de esta ciudad que habitamos, referente necesario rescatado con esfuerzo de las garras del olvido. Dos personalidades estremecedoras capaces de enfrentar a lo más turbio de una sociedad cómplice de la oscuridad reinante. Así, pequeñitas y frágiles, tímidas y coquetas, vulnerables y fuertes a la vez, nos conquistaron para introducirnos en sus vidas y construir a partir de ellas una imagen contemporánea, un símbolo de nuestro tiempo.

Luego, por nuestras propias inclinaciones e inquietudes, saltamos al fantástico universo de las mujeres fotógrafas. Su arremetida contra un mundo en masculino al que por persistencia y talento arrancaron una visibilidad indiscutible. Bucear en el alma de las pioneras fue un auténtico privilegio, y allí es donde aparece Julia Margaret Cameron y su asombrosa vida obra-de-arte, sus once hijos, entre propios y adoptados, su voluntad inquebrantable y el espejo de Alice, desde el que seguro las dos atravesaron hasta la belleza sin medida. Es bien cierto que nos metimos en la piel ilustrada de Shirin Neshat, en esas palabras que no entendemos como tales pero sí como gritos de un cuerpo texto devolviendo el valor a lo invisible, y también buscamos en la aurora a Tina Modotti -la Tinísima de Elena Poniatowska-, porque ella siempre prefirió la claridad a la noche, porque seguro la necesitaría en su trabajo voluntario con el quinto regimiento en la contienda española curando a los niños heridos, hiriendo sus retinas con la tristeza interminable de la guerra. E intentamos captar la mirada burlona, cruel o simplemente detallista de Diane Arbus, sus ojitos fijados en lo irrepresentable, su talento en carne viva. Y el incesante empeño de Annie Leibovitz a la caza de celebrities, y quizás discutiendo en la intimidad con Susan Sontag el sentido de la vida. Por ahora, hasta aterrizar en la particular visión de Cristina García Rodero, la fiestera a quien nadie tomaba en serio, mientras no descubrieron que a través ella, de su incansable trabajo de feria en feria, podían como comunidad comenzar a conocerse y valorarse.

En este camino hemos aprendido y seguimos aprendiendo. Nuestras muñecas son objetos, pero crecen en la medida en que nosotras lo hacemos, en la medida en que interpretamos la experiencia recibida de nuestras homenajeadas y sentimos que otras mujeres asumen este legado como una muestra de un linaje común, al que todas pertenecemos.